La Alpujarra


"¡Toda Sierra Nevada...., desde el boquete de Tablate..., hasta más allá de Laroles...- ¡Toda Sierra Nevada, extendiéndose de Poniente á Levante en una línea de once leguas, como un descomunal anfiteatro, en cuyo ciclópeo graderío se asentaban más de cuarenta pueblos!.- ¡Toda Sierra Nevada, monumento incomparable, alzado sobre inmensos pedestales de color de violeta, con su zócalo recamado de anchas franjas de verdes siembras; hendido acá y acullá, de arriba abajo, por relucientes chorros de agua cristalina; cubierto á trechos de bosques que parecían bordados en las laderas de los barrancos, y blanca y resplandeciente al fin, desde su media altura hasta las excelsas cumbres, cual si fuera de bruñida plata! - ¡Maravilloso templo en verdad, levantado allí por el Creador para morada de las Cuatro Estaciones!" Pedro Antonio de Alarcón

Es una tierra abrupta, un paisaje herido de hondos valles de laderas verdes, cientos de barrancos de todos los tonos del ocre mezclados con el brillo grisáceo de las launeras. Una gran sierra que al norte, sus cumbres apuntan al cielo y al sur sumerge sus faldas en el lecho de los ríos. Pueblos colgados de las montañas, como cascadas de un blanco monocorde que deslumbran a pleno sol y se ruborizan con la luz oxidada del ocaso. Caminos atormentados que serpentean entre bolinas, romeros, tomillos y abulagas, encinas y almendros, higueras y olivos. Un silencio acogedor, salpicado por trinos de pájaros, cantos de cigarras, rumor de acequias y susurros de viento en las retamas.

Es por su altura difícil,
fragosa por su aspereza,
por su sitio inexpugnable,
e invencible por sus fuerzas.
Catorce leguas de entorno
tiene, y en catorce leguas
más de cincuenta que añade
la distancia de las quiebras,
porque entre puntas y puntas
hay valles que la hermosean,
campos que la fertilizan,
jardines que la deleitan.
Toda ella está poblada
de villajes y de aldeas;
tal que, cuando el sol se pone,
a los vislumbres que deja,
parecen riscos nacidos
cóncavos entre las breñas
que rodearon la cumbre
aunque a la falda no llegan.
Calderón de la Barca